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Dimitri Kosiré y el lirismo de la abstracción biomórfica

 

En cada una de sus obras el artista Dimitri Kosiré hace recordar la vida. Recordar un árbol en el cielo, un indígena que habla en lengua desconocida y, por qué no, un violinista con su alborotada música. Es un hombre de tres grandes y poderosos ríos. Uno real, el Sena, y dos metafóricos, el Paraguay y el Paraná. La blancura de inmensos senderos y las fuertes manchas de color que mira en sus sueños, le invitaron a hacer un viaje al mundo del arte. Allí se percata de que es un artista, y hace ya varios años que transita este sendero creativo. Le interesa la creación visual como experiencia sensible de vida y arte. Le interesa la pintura, pero no la convencional, sino aquella como antítesis de la conciencia academicista tradicional del arte occidental. Su expresión artística existe en el hecho creador de una compleja distribución de varias culturas que acopla de acuerdo a la itinerancia de su familia. Nace en Paris en 1968, aquí se desarrolla y vive. Su acercamiento al arte podría considerarse inédito en cuanto no trata de estructurar la arquitectura visual de una superficie plana desde una visión plástica sencilla. Es una arquitectura compleja que implica la intervención de la conciencia humana junto a significados esenciales del arte mismo.

 

Para analizar la complejidad de la pintura del artista Kosiré, es fundamental remontarse, aunque someramente, a sus orígenes parentales localizados en la Rusia de sus emprendedores y visionarios abuelos, quienes en 1921 emigraron desde Ucrania y Crimea a París donde residen durante diez años. Y, luego viajar a un remoto país del centro de Sur América llamado Paraguay. Allí, con su propio vehículo, su abuelo recorrio el pais e inició lo que sería la primera línea de autobuses del territorio. La madre paraguaya, evidentemente, le inculca los valores de un país cuya presencia humana se remonta hasta el neolítico; será por esto que el mismo Kosiré se define como “neolítico”, y llama a ser fiel al “arte humano”. El Paraguay que conoce, tiene su historia enraizada en las culturas del pueblo guaraní.  Pero no solo esta cultura se ligará a las necesidades creacionales del artista. En algunas de sus declaraciones se refiere a algunos títulos de obras que relaciona con la Rusia de los abuelos. También series como Cosmogonías y Paisajes Internos, remiten a la cualidad metafísica de un hombre que ha aprendido, y aprehendido, la lección de la vida desde varios ángulos y en diferentes direcciones. Las suyas, son series plásticas cuya temática gira alrededor de los mitos de la creación del universo, mitos de culturas antiguas y todos aquellos que salen de su imaginación. Un severo aprendizaje en su etapa formativa, y posterior a ello, le lleva a hacer una declaración que le ha servido de guía en todo su desarrollo: “mi obra proviene de mis ideas y de mis emociones, yo lo entiendo como expresión del espíritu y de la respiración”. Ideas, emociones, espíritu y respiración son Rusia, Paraguay, Paris y el resto del universo, que circulan por sus venas creadoras de sangre y estirpe universal. Kosiré se encuentra con su propio mundo visible, lo explora, lo analiza y reconoce su misterio a partir de su propia esencia espiritual.

 

La estética de Kosiré es solo suya: resultado propio, vital y plástico de la adopción plural de diversas tendencias del arte, tanto históricas como contemporáneas. Y también de la conjunción de aquellas culturas en las que significado y significante, se convierten en símbolo de una extraordinaria expresión artística. Por su complejidad, en su análisis, se hace claro que el arte contemporáneo demanda de nuevas aproximaciones, analíticas y perceptivas, por parte no solo de la crítica, sino también del espectador. La obra de Kosiré es capaz de generar en ambos una profunda expectación. Logra fuerzas que conllevan mensajes diferentes a la cotidianidad del presente del arte. Su mensaje está ligado al universo interior del Ser y sus problemas existenciales en el mundo contemporáneo.

 

Kosiré es abstracto en la extensión más estricta del concepto, pero con rasgos expresionistas que traen a la memoria muchas de las obras maestras de la historia universal del arte, de donde se nutren los verdaderos creadores. Aparte, están presentes las vivencias y experiencias personales como “viajero” de muchos rumbos y diferentes mundos. Su pintura está lejos de discursos narrativos. Ella transporta el legado de un misterio amarrado profundamente al inconsciente. La memoria arcaica de lo no conocido se presenta a través de la amalgama de varias fuentes, de allí que sobre su proceso creativo siempre se refiera a la importancia de este aspecto del inconsciente: “es una forma de pintar escuchando el propio corazón, la mirada centrada hacia el interior  en lugar de hacia el mundo exterior. Desde este punto de vista soy bastante expresionista”. Un expresionismo inédito, ni alemán ni norteamericano que lo aleja de la concepción tradicional de estas vanguardias históricas. El espectador se enfrenta a una situación visual a ser interpretada en el posible espacio de cambios dentro del pathos interno, pero también periférico, de sí mismo. De allí que el artista aspire a “que se establezca un puente misterioso entre el espectador y el lienzo”. La “verdad” de esta obra, está en el hibridismo que la coloca en una frontera única de percepción, en un extremo de supremacía sobre cualquier referencia temática extra-artística. Kosiré traduce sus sueños individuales a una realidad objetual. Memoria, imaginación, virtuosidad y competencia, dirigen una sola vía que crece y se bifurca de manera permanente.

 

Un aspecto fundamental a analizar en la obra de Dimitri Kosiré es la técnica heterodoxa que practica en sus trabajos intensamente matéricos, prácticamente re-interpretaciones del collage tradicional. Estos son importantes experimentaciones en nuevas estructuras plásticas debido a la utilización de diversos y disímiles  materiales, ejemplo la serie Acumulaciones, 2014  o Tierra roja, 2012. Igual sucede con la técnica propia de su pintura, que, aunque bastante matérica no tiene relieves pronunciados, se trata más bien de superficies planas, ejemplo con los dibujos Inks and metallic, 2006-2011. Basándose en un particular multiculturalismo, se resiste a las formalizaciones dentro de una tendencia particular. La misma intensa y profunda capacidad representativa del espacio tridimensional que expresa en sus opulentas obras de la serie Acumulaciones por ejemplo, se evidencia en las pinturas o dibujos de carácter bidimensional gracias a la superposición y yuxtaposición simultánea de la mancha, del trazo y de la forma  “informe” o deconstructiva, serie  Paisajes internos, 2011, de cualidad sideral y cosmogónica representativa de galaxias ancestrales: Black Sea, Moonlight Echos y White Earth, 2013.

 

En su trabajo, Kosiré va directo a la tela, encolando, manchando, añadiendo, extrayendo. Igual que ritual o ceremonia creadora. Sin embargo, es evidente que el fuerte trazo, el gesto libre e incisivo, el chorreado sobre los materiales utilizados, muestra, y demuestra, interés por un expresionismo de portentosos rasgos abstractos e informalistas. En la serie Acumulaciones, con la presencia de diferentes materiales, se muestra fuerte y cálido a la vez, resultando superficies intensamente atractivas para el espectador, hasta el punto de que la fuerza del relieve y su cromatismo, le genera “intención de tocarlas”. Mientras que en la serie Numeric Inflexion, 2010-2014, este espectador trata de descubrir en lo más interno de la obra, señales figurativas intuidas a partir de su estructura formal. Con sus subsecuentes connotaciones matéricas en la obra fuertemente texturada de los collages-relieves, y extraordinaria riqueza pictórica en las superficies de las telas, no podría definirse una técnica mixta, sería muy simple, pero sí de una sustentada por la diversidad de materiales que utiliza: óleo, acrílico, tela, papel, pigmentos, diferentes emulsiones, madera, carbón, cartón corrugado y cartones lisos, telas plásticas, tinta china, y cualquier otro material que necesite para llevar a cabo su propósito creativo en la realización de una serie de obras en particular. Siempre dentro de una organización de tiempo y espacio, relativos y reales, para este artista no hay abstracciones absolutas, tiene siempre presente realidades reales e imaginarias.

 

La obra de Kosiré es la energía del Ser, del planeta y del espíritu. Es la representación ordenada del caos que envuelve al hombre contemporáneo en su relación con el cosmos. Él ha creado imágenes plásticas nuevas ligadas a las emociones de la experiencia diaria del hombre, como diría el gran Naun Gabo. Kosiré presenta un nuevo mundo en su obra.

 

Caracas, febrero 2015

Bélgica Rodríguez

Crítica de arte, historiadora, curadora, Galeria del Arte Nacional de Caracas (1984-1986) y del Museo de Arte de las Américas (Washington DC, 1988-1995), Presidenta de AICA Internacional (1987-1990) y Presidenta de Honor desde 1990.

 

Nota: las citas del artista están tomadas de la entrevista publicada en el Yangcheng Evening News. China, 29 julio 2011